
Pedro Cayuqueo
pubicado en wwwelpost.cl
Mapuches y mapuchólogos
Uno de mis pasatiempos es realizar rankings de "chilenos anti-mapuches". O para que suene mejor, "chilenos con nula predisposición al diálogo interétnico". Los tengo y de diversa índole. Algunos se refieren a historiadores (Sergio Villalobos es el Sampras; "top ten" casi por una década), otros a políticos (Felipe Harboe siempre hizo méritos para no salir de él, eso si, siempre a distancia de un Alberto Espina) y los tengo también de "columnistas de medios". Esta última carpeta siempre está en el escritorio de mi iMac y lleva por nombre "Los mapuchólogos". Están ordenados alfabéticamente y la lista es larga, en algunos periodos álgidos casi de actualización diaria.
Guardo joyas notables. Desde Ena Von Baer deslegitimando "encuesta en mano" el "fantasioso" reclamo territorial mapuche (de sus tiempos en Libertad y Desarrollo), pasando por Ena Von Baer llamando a "pacificar" nuevamente los sublevados campos del sur (de sus tiempos de candidata al Senado) hasta Ena Von Baer emplazando a la clase política a opinar "con mesura y responsabilidad" sobre el tema (de sus actuales tiempos en La Moneda).
Pero hay una columna en particular que cada cierto tiempo leo y releo, casi de manera masoquista. Se trata de "Los Mapuches y el neomarxismo racista", publicada en La Segunda por Víctor Farias, "historiador" y académico de la Universidad Andrés Bello. La columna es del 2009, pero no por ello a perdido su exquisita vigencia. Después de despotricar contra su antigua ideología -según me contó un pajarito Farias fue marxista en alguna época de su vida- advierte horrorizado como los discípulos del viejo Marx utilizan hoy a los mapuches como "la nueva tropa agitatoria… en maridaje con los ecologistas radicales, los neonazis y los indigenistas" de la región. Si bien la hipótesis del "conflicto mapuche" (o "problema mapuche", como lo llaman varios columnistas de mi ranking) instrumentalizado desde fuera y por ideologías foráneas es más vieja que el hilo negro, convengamos que goza de inmejorable salud. Sea Cuba (en los 80’), el EZLN (en los 90’), las FARC y ETA (a partir del 2000) o la mismísima Al Qaeda (si, no se ría, leyó bien; "Al Qaeda"), siempre existirá a quién responsabilizar en Chile por la "inexplicable" belicosidad de estos "chilenos descendientes de los antiguos y extintos araucanos" (cameo de Villalobos).
Esta hipótesis, además de eximir de responsabilidad al Estado y sus élites en el origen y pervivencia de, tal vez, el único conflicto bicentenario que arrastra el país, refuerza como pocas el viejo mito instalado por el insigne Benjamin Vicuña Mackena en el XIX sobre los mapuches: "flojos", "borrachos", "descerebrados" y bastante "buenos para nada". "¿Acaso serían ellos capaces de movilizarse y reclamar esos supuestos derechos que esgrimen por sí solos?", pareciera ser la pregunta del millón al interior de las élites. Y la respuesta resulta casi de Perogrullo: "nica…". Es lo que concluye Farias en su citada columna. Y es lo que cada tanto escuchamos los mapuches -directa o indirectamente- de boca de autoridades políticas, parlamentarios, académicos, columnistas, periodistillos, vendedores de la Vega, choferes del Transantiago, maestros de la construcción, dueñas de casa e, inclusive, uno que otro amigote chileno despistado: "¿Ya po’ Pedro, cuenta la firme, quién los entrena, quién los financia… tu periódico, por ejemplo?".
Hasta donde recuerdo, quién primero financió el periódico que dirijo fue mi madre. Lo hizo durante 17 años, primaria y secundaria, el tiempo que demoré en aprender las sílabas, el abecedario, las operaciones matemáticas básicas, las efemérides patrias, los tipos de invertebrados, la tabla periódica de elementos y, por cierto, el maravilloso idioma de ustedes que de paso casi me hizo olvidar el de mi propio pueblo. Viuda, cuando quien escribe y mis hermanas recién promediábamos la primaria, lo suyo más que amor de madre fue una verdadera proeza. Aunque los discípulos de Vicuña Mackena no lo crean, nos sacó adelante a punta de disciplina, estudio y trabajo, de la misma forma que nuestro abuelo -lonko de la comunidad- los había criado a ellos en la pobreza de la reducción rural. Y fíjense que tan mal no le fue; todos sus vástagos profesionales universitarios y, guste o no a gente como Farias, orgullosos a más no poder de su "mapuchidad". ¿Meritocracia en Chile? ¡Qué Instituto Nacional!, ¡qué Carmela Carvajal! dense una vueltecita por las escuelas rurales del País Mapuche y después hablamos.
Así es. No fue ni la ETA, ni las FARC ni los extraterrestres malas pulgas que atacaron Los Ángeles (LAX) hace poco, quienes financiaron nuestro periódico. Y porque conozco de primera fuente a las organizaciones y comunidades de mi pueblo, puedo dar fe de que a ninguno de ellos los he visto chateando con barbudos mujaidines afganos (profe Farias: actualícese, teclee F5, la Guerra Fría pasó hace rato) o buscando contactar estilizados alienígenas de Marte.
Pretender aquello no solo es pecar de racista; también de ignorante, toda vez que registros históricos que avalan nuestro reclamo nacional (si, leyó bien, "nacional") existen y por montones. Basta recurrir a una Biblioteca Pública. O a Wikipedia. O bien a Wikileaks, si desea llegar aun más lejos y enterarse de cómo hasta los gringos chismorrean con el provincianismo chilensis, incapaz de ver en el multiculturalismo una manifestación de la modernidad, y no precisamente un retorno a las cavernas. Y es que así nomás es. Nuestra rebeldía nada tiene de marxismo. La culpa fue de nuestros padres. Y sobre todo, de los testarudos de nuestros abuelos, verdaderos puentes entre lo que fuimos ayer y lo que pretendemos llegar a ser mañana.
Asamblea Nacional Por Los Derechos Humanos Chile



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