martes, 24 de abril de 2012


Provincia Imperial, Chile, 7 de abril de 2012.
                  
¡Este es el mundo de las manzanas, pero sólo las rojas gobernaremos!
Por: Milan Mauricio Grušić Ibáñez. No me gusta la fruta…

En tiempos pretéritos, la discriminación acompañó al ser humano para ayudarlo a elegir, evaluar y analizar las cosas desde diferentes puntos de vista.

Los neandertales discriminaban muy a menudo, para expresar sus gustos de forma clara. “Esta neandertal tiene el trasero grande y no se lava la entrepiernas, ¡que guapa que está!” o “esa neandertal no tiene tantos dientes y mi “pepito” no correrá peligro si me hace una felación”. Diferentes puntos de vista de los primitivos en esos tiempos hicieron entender que la discriminación nos acompañaría por toda nuestra existencia humana.

A medida que el hombre evolucionaba y se concentraba en grandes grupos sociales, la discriminación se fue acentuando a niveles más extremos, al punto de caer derechamente en la “exclusión”.

De esta forma los poderosos podían imponer sus formas de pensamiento, religiosidad y gobierno a los más débiles. Los que no compartían estas posiciones tenían dos alternativas, la confrontación directa o la marginación total.

Así, durante miles de años, se fue desarrollando nuestra cultura a través de la exclusión de aquellos que no lograban asimilarse en las sociedades establecidas.

Una gran historia bíblica nos cuesta que, en un pueblo llamado Sodoma existía la curiosa práctica de dar por culo a todo visitante. Habían muchos que les encantaba ir de visita todas las semanas, otro definitivamente preferían ir al villorrio del lado y unos pocos preferían quedarse alejado de toda ciudad. Sin duda, eso es una discriminación en todo el sentido de la palabra. Un día, cuenta la leyenda, un par de ángeles visitaron Sodoma, creo que no lo pasaron muy bien. Con el trasero adolorido fueron a quejarse con el Todopoderoso y este se molesto tanto que hizo desaparecer a Sodoma en una gran bola de fuego. Eso desde cualquier punto de vista es una exclusión, no sólo de territorio, sino de la vida misma.

Creo que desde allí, muchos grupos religiosos tomaron la costumbre de excluir a todo lo que no se parecía a ellos. Hebreos que excluían a los paganos, cristianos que excluían a los hebreos, musulmanes que excluían a los cristianos, cristianos que excluían a judíos y judíos que excluían a musulmanes. Todo con el beneplácito del Eterno, según ellos.

Pero, las exclusiones únicamente no se dieron en temas religiosos, sino que también en temas raciales, socioculturales, ideológicos, físicos, económicos y de género.

¿Cómo no recordar la historia reciente del siglo XX, donde muchas guerras estallaron por conflictos económicos, raciales e ideológicos? Aunque las guerras del siglo pasado fueron encabezadas por situaciones ideológicas, hubo una que marcó la pauta en los llamados conflicto racial, dejando millones de muertos por el intento de superponer una raza por encima de las otras.

Hoy en día, esos conflictos se mantienen con países tercermundistas o en la Palestina, donde por motivos raciales un grupo de europeos de religión judía pretenden ser los dueños de un territorio que les pertenecía a los palestinos.

Pero no sólo de guerras excluyentes vive el hombre, también de la exclusión de género.
Desde la romanización del cristianismo y la adopción del derecho romano en ésta, ha llevado a la exclusión de la mujer en todo órgano de poder, haciendo de ésta una práctica por todo gobierno y grupo religioso por más de dos mil años en occidente.

La mujer no piensa, la mujer es sinónimo de pecado, la mujer es tentación, la mujer está para procrear, la mujer es un lastre, la mujer …… En algo tenían razón, pero en lo general se excluía a un género que estaba plenamente capacitado para ocupar todas las instancias de poder de cualquier grupo humano. Lamentablemente, ese dominio del hombre llevo a la creación de una sociedad poco tolerante y aceptativa de las diferencias que existen en un mundo repleto de contrastes.

En la segunda mitad del siglo XX, la lucha no pasaba por si eres hombre o mujer. Cada día que pasaba las mujeres iban ocupando el lugar que se les fue arrebatado por milenios. Las mujeres mostraban que eran algo más que un par de tetas, también tenían capacidades para realizar cualquier trabajo o administración. Además yo prefiero los traseros redonditos y grandes… ¡Sí! También me gustan las tetas grandes…

Casi en el mismo tiempo un nuevo conflicto de género se ve nacer en nuestra sociedad occidental.

Siempre existieron, siempre fueron parte de la humanidad y de la propia naturaleza del hombre, pero siempre fueron ocultados y rechazados. Me refiero a los otros géneros como homosexuales, lesbianas y transgéneros que nos llevaron al entendimiento que no eran dos, sino cinco géneros en el humano, que siempre estuvieron con nosotros y nos acompañaron en la propia evolución de la especie.

Grupos fundamentalistas, de las religiones de raíz abrahámica, se han empeñado en señalar al mundo, sin base científica, que la homosexualidad, el lesbianismo y los transgéneros son un grupo de pervertidos que buscan acabar con la sociedad fundada en la moral y ética judío-cristiano-románico. También esbozan la predicción del término de la familia; es decir, papá, mamá e hijos.

Sin duda que los cristianos romanos han llevado la batuta en el descrédito de los gays en el mundo. Señalándolos de enfermos, pervertidos e igualándolos a patologías clínicas como la pederastia, la zoofilia o la necrofilia. Cualquier persona poco culta podría sentirse horrorizada con tal planteamiento y de seguro querría acabar con esos degenerados que sólo buscan penetrar su culo en algún momento de distracción.

Afortunadamente, la ciencia ha dado muchísimas luces para descifrar las dudas en referencia al sexo, género y sexualidad del humano. No necesitamos la “luz divina” para darnos cuenta que hoy la iglesia romana trata de culpar a los homosexuales por los problemas de pederastia que existen en el seno de su institución.

Estamos comenzando el siglo dándonos cuenta que el humano es heterogéneo, que nuestras diferencias nos hermanan y no nos desunen, que las familias no deben ser la copia fiel de la “sagrada familia”, que el individuo no es superior a una mujer o a otro género, que la vida privada debe ser “vida privada”, que los estados no deben de controlar la sexualidad de los humanos, que mi trasero tiene dueño y yo hago lo que quiera con el.

¿Quién pensaría que a principios del siglo XXI estaríamos debatiendo el tema del matrimonio gay?  El sólo hecho de debatirlo nos hace mas evolucionados mentalmente, que hace treinta, cuarenta o cincuenta años atrás… Yo, en lo  particular, estoy en contra del matrimonio gay, creo que el matrimonio es uno sólo y es una institución del estado que debe de mantenerse tal cual, salvo que soy un convencido que un estado no debería preguntar a una pareja si son de sexo opuesto o no, al momento de efectuar la ceremonia civil. Una pareja gay debería acceder al mismo matrimonio clásico sin ningún miramiento, y con todas las responsabilidades del caso. ¿Por qué crear un matrimonio especial para un género determinado?, ¿Acaso no todos somos iguales ante la ley? En este último, punto podría señalar que aun en nuestras constituciones existe la exclusión de grupos, por el único hecho de no comulgar con la religión oficial y eso que la provincia imperial chilena es, supuestamente, laica.

Cuando las ideologías y las religiones promueven el odio a determinado grupo humano, hay sólo una alternativa, excluirlos de raíz. El proselitismo religioso es una gran lacra en occidente, siempre tratando de manipular en base a mentiras sobre como debemos comportarnos en lo privado. La incitación religiosa a grupos ideológicos extremos conservadores está poniendo el tema de la “no discriminación de género” en una verdadera batalla galáctica, en la que el vencedor se quedará con el planeta tierra y los perdedores serán exiliados a Omicrom Persei 8.

Cuatro mil años de cultura monoteísta en el mundo, dos mil pertenecientes al cristianismo y al Islam. Y en todo este tiempo sólo hemos visto proselitismo religioso, fundamentalismos extremos, genocidios, guerras, mentiras, depravaciones, manipulaciones, mafias y acumulación de riquezas de unos pocos patriarcas en desmedro de los que hoy no tienen que comer.

Ese odio del que hablo se vio reflejado el 2 de marzo de 2012 en las calles de la gobernación de Chile.

Daniel Zamudio, un joven de veinticuatro años fue brutalmente golpeado, torturado y marcado su cuerpo con svásticas. Se mantuvo en coma profundo por casi tres semanas, hasta que el 27 de marzo, su débil cuerpo decidió descansar para siempre de la crueldad del hombre.

El joven era un chiquillo bueno, reconocido por su familia, amigos y vecinos como un muchacho de bien, pero para algunos grupos era visto como enfermo y depravado por su condición de género. Esta situación, al parecer, llevo a cuatro jóvenes a tomar la ley divina en sus manos y excluirlo de la sociedad de la manera más barbárica y despiadada.

Esto causó conmoción en la sociedad chilena y levantó el debate respecto a la homofobia en el país y la falta de una ley antidiscriminación relacionada con este tipo de crímenes.

La derecha fascista y conservadora ha visto, con agudeza, que esta ley que se pretende legislar pueda ser la entrada del matrimonio gay y una suerte de discriminación religiosa, o por lo menos de sus postulados fanáticos en referencia a la discriminación de género. Una verdadera vergüenza para los que conocemos a estos políticos fascistas y a esta iglesia genocida.

El vocero del Movimiento de Integración y Liberación Homosexual (Movilh), Jaime Parada, calificó a Zamudio como "un mártir ciudadano de las minorías sexuales, después del triste deceso del joven.

La Iglesia Romana de Santiago, rechazó de plano el ataque sufrido por Daniel. Curiosamente, nunca entregó consuelo a su familia ni la fue a visitar, como lo hicieron otras confesiones. Aberrante es saber que la Iglesia Romana es una de las más férreas detractoras del proyecto de “Ley Antidiscriminación”. Además, el arzobispo de Santiago Ricardo Ezzati declaró que "hay que acompañar con una actitud callada, pues, el aprovechamiento del dolor humano es inhumano". Como siempre, el silencio de la Iglesia Católica llega a ser insultante y vergonzoso.

“El asesinato de Daniel Zamudio es sólo el último recordatorio de la gravedad y prevalencia de la violencia homofóbica, la cual, el más reciente reporte del ACNUDH indicó existe en todas las regiones. Esta vez ocurrió en Santiago de Chile, pero puede ocurrir cada día en las calles de pueblos y ciudades de todo el mundo”.

Rupert Colville, vocero de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, 30 de marzo de 2012.”

También aparecieron comentarios opuestos al dolor que estaba sintiendo una nación entera, como fueron los dichos del abogado Jorge Reyes, representante de la agrupación Red por la Vida y la Familia y cercano al partido Unión Demócrata Independiente (UDI), afirmó que “si la sociedad conociera la vida de Daniel Zamudio opinaría distinto” pues el joven habría estado alcoholizado al momento del ataque y había sido expulsado de su casa, finalizando con que en Chile existía una “visión romántica sobre la tolerancia”. ¿Qué mas se puede pedir a un fundamentalista del Opus Dei que de seguro creció con una fotografía de Augusto Pinochet en su cuarto?

Hoy la ley se debate en el congreso de la gobernación de Chile, en una lucha entre los que quieren hacer realidad esta ley y los que defienden intereses religiosos. La batalla por la no discriminación continúa en Chile, dejando ver los oscuros intereses de la política criolla a la vista y paciencia de los electores que ya están cansados de tanta basura.

Según el Servicio Médico Legal (SML), a través del doctor Patricio Bustos, señaló que las pericias arrojaron que la causa de muerte de Daniel fue un traumatismo craneoencefálico provocado por las severas lesiones que recibió en su cabeza durante el ataque.

Ernesto Vásquez, fiscal a cargo investigativo, requirió la formalización de los imputados (Raúl López Fuentes, Alejandro Angulo Tapia, Patricio Ahumada Garay y Fabián Mora) por el delito de homicidio frustrado. Asimismo, solicitó su prisión preventiva, medida que fue concedida por los juzgados criollos; y, sin embargo, tras la muerte del joven, se espera que el delito sea recalificado por la fiscalía, a homicidio calificado en grado de consumado, el delito más grave que contempla el ordenamiento jurídico chileno.

Un joven ha muerto, y somos muchos los que sentimos que el corazón se nos partió en dos. ¿Cómo es posible que el odio y la ignorancia puedan engendrar tanto dolor a un pueblo que hace años busca sanar sus heridas?

Hace milenios fueron los cartagineses, luego fueron los celtas, después los musulmanes, a posterior los comunistas y hoy nuevamente los musulmanes… Pero en provincias como la nuestra lo que perseguimos es la diferencia, a los que no se dejan atropellar por una religión o ideología de odio, a los que deciden vivir en base a sus propias ideas, a los hombres, mujeres, gays, lesbianas y transgéneros “libres”.

Yo podría haber sido padre de Daniel, y su género no habría sido impedimentos para quererlo. Yo pude tocar la mano de Iván, el padre de Daniel, nunca olvidaré su mirada.

Chiquillos lindo, jamás te conoceré, pero siempre te recordaré. No será un hasta nunca, sólo un “allí nos vemos” y te regalaré un beso.

¡Salud y apostasía, y un porrito cada día!

ASAMBLEA NACIONAL POR LOS DERECHOS HUMANOS CHILE

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